El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes que su gobierno no intervendrá directamente en el estrecho de Ormuz para garantizar la seguridad marítima, salvo que sus aliados internacionales lo pidan de manera expresa.
La declaración fue difundida a través de su red social Truth Social, luego de que países miembros de la OTAN rechazaran sumarse a una coalición militar liderada por Washington para reabrir esta vía estratégica, cerrada por Irán como parte de las tensiones en la región.
“El estrecho de Ormuz deberá ser custodiado por las naciones que lo utilizan; Estados Unidos no lo hace”, escribió el mandatario. Añadió que, en caso de recibir una solicitud formal, su país “ayudará en los esfuerzos”, aunque consideró que la intervención no debería ser necesaria si se elimina la amenaza iraní.
El estrecho de Ormuz, ubicado entre Omán e Irán, es uno de los corredores marítimos más relevantes del mundo, por donde circula aproximadamente 20% del petróleo global, de acuerdo con estimaciones de organismos internacionales. Su cierre tiene impacto directo en los precios del crudo y en las cadenas de suministro energético a nivel global.
Trump también sostuvo que la operación para garantizar la seguridad en la zona sería “militarmente sencilla” para otras naciones involucradas, insistiendo en que la responsabilidad recae principalmente en los países que dependen de esa ruta comercial.
En paralelo, el presidente afirmó que Estados Unidos está “muy cerca” de cumplir sus objetivos militares en el conflicto que mantiene junto a Israel contra Irán, iniciado el pasado 28 de febrero. Entre las metas mencionadas destacan la reducción de la capacidad de misiles iraníes, la destrucción de su industria militar, así como impedir que el país desarrolle armamento nuclear.
Antes de abordar el helicóptero presidencial Marine One rumbo a Florida, Trump descartó la posibilidad de un alto el fuego en el corto plazo. “Podemos dialogar, pero no quiero un alto el fuego”, declaró, en respuesta a un llamado del papa León XVI para detener las hostilidades en Medio Oriente.
El posicionamiento de Washington ocurre en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes y sin consenso internacional para una intervención conjunta, lo que mantiene la incertidumbre sobre la seguridad en una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.















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