Hubo un tiempo en que consentir a una mascota significaba croquetas premium y una camita bonita. Hoy, los perrhijos tienen agenda, monitoreo digital y hasta gadgets inteligentes que harían sentir obsoleto a cualquier humano distraído. No es exageración: en muchas colonias urbanas, los perros ya viven más conectados que sus dueños.
¿Moda innecesaria o evolución natural del cuidado animal? Un poco de ambas.
Collares inteligentes: el Fitbit del lomito
Los collares con sensores ya no solo sirven para saber dónde anda tu perro. Algunos registran actividad física, horas de descanso, patrones de movimiento e incluso alertas cuando algo se sale de lo normal.
Para dueños que trabajan todo el día, estos dispositivos dan tranquilidad: si el perro no se ha movido o muestra cambios bruscos, llega la notificación. No reemplazan al veterinario, pero sí ayudan a detectar señales tempranas.
Cámaras con voz (para extrañar menos)
Las cámaras para mascotas ya no solo graban. Muchas permiten hablarle al perro, escuchar lo que pasa en casa y hasta lanzar premios a distancia. ¿Exagerado? Tal vez. ¿Funciona para la ansiedad por separación? En algunos casos, sí.
Eso sí, los expertos coinciden en algo: escuchar la voz humana sin presencia física puede confundir a algunos perros. Usarlas con moderación es clave.
Apps para organizar la vida del perrhijo
Recordatorios de vacunas, desparasitación, citas con el veterinario, paseos, comidas y hasta control de gastos. Las apps de gestión para mascotas se han vuelto una especie de agenda familiar, especialmente en hogares donde el cuidado se reparte entre varias personas.
También hay apps para encontrar cuidadores, paseadores o guarderías cercanas, algo cada vez más común en zonas urbanas.
Juguetes interactivos (cuando el humano no está)
Pelotas que se mueven solas, dispensadores de premios programables y rompecabezas digitales buscan mantener activo al perro cuando se queda solo. Son especialmente populares entre razas con alta energía o perritos que pasan muchas horas sin compañía.
No sustituyen el paseo ni la interacción real, pero ayudan a reducir aburrimiento y conductas destructivas.
¿Tecnología o exceso?
El debate está servido. Mientras algunos ven estos gadgets como sobreprotección, otros los consideran una extensión lógica del bienestar animal. La clave, como casi todo, está en el equilibrio.
La tecnología puede apoyar el cuidado, pero no reemplaza el tiempo, el juego, el paseo ni la atención directa. Un perro no necesita WiFi para ser feliz, pero sí rutinas claras y humanos presentes.
Perrhijos conectados, humanos responsables
Los perrhijos multitask no son solo una tendencia hipster de colonia trendy. Reflejan algo más profundo: una relación distinta con los animales, donde se les reconoce como parte activa de la familia.
Si la tecnología sirve para cuidarlos mejor —y no para desentendernos—, bienvenida sea. Porque al final, el gadget más importante sigue siendo el mismo de siempre: alguien que llegue a casa, se agache a su altura y le rasque la panza como se debe.













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